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Quizás ese algo se llame destino

Recuerdo el día en el que nuestras vidas se cruzaron. No era el mejor momento ni tampoco estábamos en las mejores circunstancias, pero simplemente no pudimos evitarlo. Yo me fijé en ti nada más verte y a ti te inquietó esa mirada lo suficiente como para sentir la necesidad de descubrirme. Desde ese día ha existido algo que nos mantenía unidos incluso cuando más distanciados estábamos. No sé exactamente qué es ni por qué nació entre nosotros, pero sé que es algo lo suficientemente fuerte como para permanecer intacto después de todas nuestras caídas.  No importan los errores. No importan los desencuentros. No importan las veces que me fallaras ni las veces que yo te haya fallado a ti. No importa si mi enfado me hace no querer verte. No importa si tu enfado te hace renegar de mí. Nada de eso importa porque, a pesar de todo, sigue existiendo algo que nos une y nos mantiene conectados. Algo que, incluso ahora, a tantos kilómetros de distancia y con tantos obstáculos en nuestro camino...

Maldigo

Maldigo el día en el que mis ojos te descubrieron por primera vez y decidieron que era bonito mirarte,  y aquel en el que mi mente se quedó en blanco al escucharte reír. Maldigo aquellas tardes de risas hablando de todo y de nada en las que el tiempo se nos escapaba volando y siempre teníamos excusas para quedarnos 5 minutos más. Maldigo esa manía tuya de ser tan adorable, la suavidad de tus manos y lo apetecible que resulta tu boca cada vez que te muerdes los labios. Maldigo tus incansables ganas de reír por todo a cada rato y esa locura tuya tan contagiosa. Maldigo haberte aprendido, saberte de memoria y nuestra capacidad de entendernos sin necesidad de palabras. Maldigo todo lo que hemos vivido y todo cuanto hemos construido. Maldigo al destino que te puso en mi camino para luego simplemente alejarme de ti. Maldigo no poder olvidarte, seguir necesitándote y echarte de menos a cada rato. Maldigo tener que imaginar qué estarás haciendo y no saber si tú también me echas ...

Mini-Sueño: Nunca te lo dije

Nunca fui capaz de decirte en voz alta aquello que sin darme cuenta mis ojos gritaban. Nunca me atreví a pedirte "no te vayas", por mucho que en el fondo me muriese porque te quedaras a mi lado. Nunca tuve el coraje suficiente de afrontar mis errores, de pedirte disculpas, de mandar bien lejos el orgullo y abrazarte por la espalda para impedir que te alejaras. Nunca te lo dije y, sin embargo, siempre te he querido incluso más de lo que yo pensaba.

Hay algo por encima de todo

Hay algo en ti que me invita a acercarme. Hay algo en mí que te impide alejarte. Hay algo, no sé el qué, demasiado fuerte entre tú y yo. Hay preguntas no realizadas que aun esperan respuesta. Hay miradas contenidas que merecen explotar. Hay unos labios sedientos de tu nombre. Hay unos besos deseando morir en tu piel Lo sé... Tienes razón. Hay también mil razones para darnos por vencidos. Hay reproches que siguen resonando en mi oído. Hay miedos, vergüenzas y orgullo. Pero por encima de todo estamos nosotros deteniendo el mundo cada vez que mis ojos se detienen en los tuyos.

Dejemos de ser imbéciles

Los humanos somos demasiado complicados. Nos empeñamos en hacer un mundo de cada pequeño granito de arena mientras nos quejamos de lo difícil que es la vida. ¿Por qué nos cuesta tanto decir en alto todo aquello que nos quema dentro? ¿Por qué construimos barreras que nos separan en lugar de aferrarnos a los lazos que nos unen? Somos humanos. Todos nos equivocamos. Todos cometemos errores a diario, pero ese no es el problema. El problema es huir de los errores en lugar de asumirlos. El problema es querer engañarnos a nosotros mismos creyendo que no existen. El problema es intentar tirar balones fuera creyendo que la culpa es de todos menos nuestra. El problema es el maldito orgullo que nos hace ponernos a la defensiva en lugar de agachar la cabeza y pedir disculpas, ese maldito orgullo que nos lleva a alejarnos sin más remedio de las personas que queremos por la incapacidad de ser honestos. El problema es la cobardía que nos hace ahogar en el silencio todo aquello que sentimos. Deje...

Es ella

Es ella,  la que me alborota el pelo con solo mirarme,  la que me despierta el nervio con cada sonrisa lanzada a quemarropa que avanza sin reservas hacia mi pecho. Es ella,  la que me zarandea liberándome del peso muerto cargado sobre mi espalda  y entrelaza nuestras manos después, invitándome a sobrevolar los tejados de esa gran ciudad  que permanece dormida en su cuerpo. Es ella,  pequeño pajarillo inquieto y alocado,  la que pone color a mis mañanas con su dulce canto  y aleja las sombras con el delicado pero firme batir de sus alas. Es ella,  nada más y nada menos, sencilla y simplemente ella, el acento de cualquiera de estos versos, la tierra, el mar y el aire del planeta que construyo con mis sueños

Quizás

No voy a mentirte... Quizás a veces no te entienda. Quizás a veces me puedan tus defectos o tus manías me pongan de los nervios. Quizás a veces me frustren tus silencios, y quizás otras veces sea al revés y sea tu silencio lo que realmente necesite. Quizás a veces tus prisas me agobien o tu tranquilidad alguna vez me acabe desesperando. Quizás algunas veces no quiera ni verte, e incluso tenga la tentación de salir corriendo. Pero esas veces serán las de menos, te lo aseguro,  y no durarán más que unos pocos segundos,  el tiempo que tarden mis ojos en encontrarse de nuevo con los tuyos. Porque basta con mirarte para que todo se borre. Porque mirarte es abrazar la tranquilidad de sentirse en casa y revivir el cosquilleo de las primeras veces. Porque simple y llanamente,  tú eres el mundo que siempre he buscado en mis sueños.